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744 days ago
Había doblado esa esquina tantas veces que al momento del inventario era imposible practicar cuenta alguna. La ventana aun estaba abierta. La brisa mecía las cortinas y una luz amarilla inundaba la habitación. El tiempo se consumía lentamente: la tarde y el anochecer habían caído en simultaneidad haciendo impreciso cualquier límite. Y era tan simple. Abrir la reja, dos o tres golpes y esperar hasta que ella bajara para abrirle la puerta y conducirlo hasta la sala de recibo. Hasta ahí todo perfecto. Seguramente se extrañaría, y al tanto que una sonrisa se le escapaba del alma para dibujarse en el rostro, sugeriría que era un poco tarde para andarse con visitas. No, no podría decírselo. ¿Que sentido tendría contarle que desde el crepúsculo estaba rondando sin atreverse a cruzar el umbral que marcaba la verja? Lo más plausible era dejarse de pavadas y marcharse a casa, ir a la cama y una vez apagado el foco de la mesa de noche, cavilar con rectitud lo que haría la mañana siguiente. Se ...



