INCONSCIENTES Se miran a los ojos mientras hablan de nada trascendente; que si en qué trabajas, que si vienes mucho por aquí, que si te gusta el jazz conozco un garito donde todos los jueves hacen jam session ,… Aprovechando el volumen de la música se hablan casi al oído. Dentro de unas horas ella escribirá en el dorso de su mano un número de 9 cifras que acompañará de su nombre – no quiere correr el riesgo de que él mañana haya olvidado cómo se llama – y le dirá tras besarle en la mejilla; llámame un día de éstos . Te voy a dar un beso , sentencia él otorgándole unos segundos en los que ella se ofrece tácitamente. Los labios se entreabren, el aire se espesa, las bocas se llenan. Esperará unos días para llamarla, no quiere parecer impaciente; ¿te apetece venir conmigo al garito del que te hablé? Es que hoy es jueves. La excusa era un paseo, sugerido por él entre beso y beso, la razón era buscar un sitio menos concurrido y más oscuro donde dejar de ...
El Censor. Avalado por una educación sostenida en éticos valores e irrefutable moralidad, nadie tuvo la menor duda de que era la persona adecuada para el puesto. Domingo Soriano – “El Censor”, como se le conocería a partir de entonces – tomó posesión de su puesto una calurosa tarde de mayo ataviado con traje y corbata y portando el maletín que le sirviera para desempeñar el aspecto más técnico de su trabajo, en cuyo interior se encontraban una amplia variedad de tijeras, seguetas y cuchillas. Con total profesionalidad y haciendo uso de la potestad que le había sido concedida, empezó cortando pechos de mujer con el fin de erradicar la lascivia que tan voluptuosas partes provocaban, asumiendo como mal menor la privación a los hijos de ser amamantados. Falos, pubis, vaginas y anos no planteaban conflicto alguno, pues instigaban inequívocamente a la concupiscencia y se sustraían sin excepción. El problema estaba – y ahí es cuando se ponía de manifiesto la equidad y el ...
Yo, payaso. Sólo un instante para observar en el espejo el surco salado que emborrona mi rostro difuso. No más. No hoy. Una vez aplicadas las pinturas de guerra no ha lugar para las lágrimas. Y ahora, sé buena y sonríe. Sonaba: Magia, de Iván Ferreiro . Escúchala.
Alada Se fue al traste la teoría de su madre – que se malempeñaba en asegurar que Lucía era de omoplatos prominentes – cuando aquellas simétricas protuberancias de su espalda rompieron en un amasijo de plumas que, si bien en un principio despeluzaban sin orden ni concierto, fueron cogiendo con el paso de los días consistencia de raquíticas alas. Sobrepuesta Lucía del mastodóntico asombro de verse, no solo plumada, sino también desplumando – pues sus nuevas extremidades mudaban a un ritmo innecesario – se puso de inmediato a adiestrarse en la tarea de emprender altos vuelos, empeñada en el titánico esfuerzo de sostener con su torpe aleteo los kilos que por naturaleza y talla le correspondían y alguno que otro más merecido en golosas prácticas. Culetazo, cardenal y chichón tardó en pasar Lucía de Ave Fénix a Gallina Caponata , en menos que canta un gallo y habiendo levantado apenas la mitad de media docena de palmos del suelo. Sonaba: Mercy , ...